A fondoFalsos embarazos reavivan debate por desapariciones en Puebla

Falsos embarazos reavivan debate por desapariciones en Puebla

Falsos embarazos reavivan debate por desapariciones en Puebla, el estado donde más casos de supuestas mujeres embarazadas desaparecen y más tarde son encontradas sin embarazo y que se fueron por voluntad propia.

En Puebla, una inquietante coincidencia comienza a generar debate público. En los últimos años se han documentado casos de mujeres reportadas como desaparecidas que presuntamente estaban embarazadas, versiones que activaron alertas, movilizaron a autoridades, colectivos y a una ciudadanía solidaria, pero que posteriormente resultaron ser falsas.

Sheridan en 2023, Salma en 2024 y ahora Lydia en 2025. Tres casos distintos, ocurridos en diferentes momentos, pero con un patrón que se repite: la versión de un embarazo avanzado, la angustia colectiva, la difusión masiva de fichas de búsqueda y, finalmente, la confirmación de que ninguna de ellas estaba embarazada y que su ausencia fue por voluntad propia.

El caso más reciente es el de Lydia, reportada como desaparecida el pasado 18 de enero. La narrativa inicial señalaba que había salido sola rumbo a Acajete y que presuntamente era seguida por sujetos desconocidos. Desde ese momento, se perdió todo contacto con ella.

Sus padres y hermanas, visiblemente afectados, solicitaron apoyo urgente para localizarla con vida, asegurando que Lydia se encontraba a días de dar a luz. La historia conmovió, alertó a la sociedad y activó protocolos de búsqueda.

Sin embargo, el caso comenzó a generar dudas cuando su esposo se manifestó públicamente afuera de la Fiscalía General del Estado. A partir de ese momento, los tiempos, versiones y detalles empezaron a no coincidir con la declaración inicial, lo que despertó cuestionamientos sobre lo ocurrido.

Ese mismo día, la Fiscalía emitió un comunicado oficial en el que informó que Lydia fue localizada con vida en Tepetitla, Estado de México, y que no presentaba indicios de un embarazo reciente.

El desenlace abrió una serie de interrogantes inevitables: ¿qué fue lo que realmente ocurrió?, ¿por qué simular un embarazo y una desaparición?, ¿quién mintió y con qué intención?

Más allá del caso individual, estos hechos abren un debate incómodo pero necesario. En un país donde más de 29 mil mujeres continúan desaparecidas, cada denuncia importa. La simulación de este tipo de situaciones implica recursos invertidos, tiempo perdido y un desgaste en la credibilidad de las alertas reales.

Mientras algunos casos resultan ser falsos, miles de familias siguen buscando a sus hijas, madres y hermanas sin respuestas, marchando y exigiendo justicia año tras año.

La discusión queda abierta: ¿deben existir sanciones para quienes simulan desapariciones?, ¿o el verdadero castigo es el impacto social que generan en un país que ya enfrenta una profunda crisis de personas desaparecidas?

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