Lluvias intensas, sequías prolongadas, olas de calor e incluso algunas temporadas ciclónicas más activas pueden estar relacionadas con dos fenómenos climáticos que ocurren en el océano Pacífico: El Niño y La Niña.
Aunque se desarrollan a miles de kilómetros de distancia, sus efectos pueden sentirse en distintas regiones del mundo, incluido México.
Estos fenómenos están relacionados principalmente con las corrientes oceánicas, las cuales pueden transportar aire más cálido o más frío y modificar las condiciones atmosféricas.
El fenómeno de El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial presentan temperaturas más cálidas de lo normal. Por su parte, La Niña se caracteriza por un enfriamiento de esas mismas aguas.

Estos cambios pueden alterar los patrones climáticos habituales, generando variaciones en las lluvias y las temperaturas.
Sin embargo, los especialistas advierten que el impacto de estos fenómenos depende de múltiples factores y que, en el contexto actual de cambio climático, resulta cada vez más complejo anticipar con precisión sus efectos.
Más allá de los procesos naturales, los expertos señalan que algunas afectaciones pueden agravarse por factores humanos, como la acumulación de basura en calles y drenajes o la falta de medidas preventivas ante fenómenos meteorológicos extremos.
Por ello, recomiendan mantenerse informado a través de fuentes oficiales, atender las alertas meteorológicas y adoptar medidas de prevención que permitan reducir riesgos ante posibles inundaciones, sequías u otros eventos asociados a la variabilidad climática.
Comprender cómo funcionan El Niño y La Niña permite a la población prepararse mejor ante los cambios en el clima y disminuir sus posibles impactos.
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