En las últimas semanas, el gusano barrenador ha vuelto a generar preocupación entre especialistas y autoridades sanitarias debido a los riesgos que representa para los animales y en algunos casos, para las personas.
Aunque comúnmente se le conoce como “gusano barrenador”, el problema en realidad comienza con una mosca llamada Cochliomyia hominivorax, cuyas larvas se alimentan de tejido vivo de los mamíferos.
Esta especie es originaria de las zonas tropicales y húmedas del continente americano; la infestación ocurre cuando la mosca deposita sus huevos en heridas abiertas. Posteriormente, las larvas emergen y comienzan a alimentarse del tejido vivo, provocando lesiones que pueden aumentar de tamaño y volverse cada vez más graves si no reciben atención oportuna.

Durante décadas, México logró controlar esta plaga mediante la liberación de moscas estériles, una estrategia que permitió reducir significativamente su reproducción. Sin embargo, especialistas señalan que la plaga volvió a proliferar en algunas regiones de Centroamérica y posteriormente avanzó nuevamente hacia territorio mexicano.
Aunque el ganado es uno de los sectores más afectados, el gusano barrenador también puede presentarse en perros, gatos, fauna silvestre e incluso en seres humanos.
Entre los síntomas más comunes se encuentran dolor intenso, inflamación, sensación de movimiento o comezón dentro de la herida, secreción con mal olor y lesiones que no cicatrizan adecuadamente.
Los expertos recomiendan mantener una adecuada higiene, proteger cualquier herida abierta y acudir al médico o veterinario ante cualquier sospecha de infestación.
La detección temprana es clave para evitar complicaciones mayores y reducir los riesgos asociados a esta plaga.
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